SLAR: esa exquisita mezcla de amateurismo con profesionalismo

Comenzó una nueva era en Sudamérica. Aun quedan resistencia pero con el tiempo, esas barreras se irán rompiendo.

Niños con la camiseta de su club, jóvenes con mate, adultos con sus hijos, familiares, amigos y ex compañeros orgullosos al contemplar como ese jugador amateur se convertía en profesional. Esas fueron las postales que pintó de cuerpo entero la histórica primera fecha de la Superliga Americana tanto en el Charrúa como en el Tala Rugby Club.

En Córdoba, la cancha estaba repleta. Nadie pensó que 6500 personas presenciaron el encuentro. Las instalaciones quedaron chicas porque la capacidad del predio es para 4.200 sentados. Vasta con ver la cara de felicidad de los dirigentes del club de Villa Walcarde al mirar cómo su querido club lucía a pleno.

Aún cuesta creer que todavía quede un poco de resistencia al rugby profesional. Algunos se golpean el pecho poniendo el grito en el cielo que destruyen a las instituciones entrando en la lógica comercial. Ahora bien. ¿Acaso no hay jugadores o entrenadores que reciban un ingreso extra monetario por el solo hecho de jugar en la primera? ¿Cómo entrena un equipo que quiere quedarse con el Torneo Regional en cualquier punto de país como amateur o profesional?

La Superliga Americana era el puente que necesitaba el rugby argentino por qué, ahora, le permite ampliar las bases. Basta con ver cuáles fueron los deportistas más destacados en esta primera fecha. Además, en el plano deportivo, es muy grande el salto del club al Súper Rugby. Ceibos es esa transición que hacía falta. Sino vayan a verlo. Esa agradable mezcla de amateurismo con profesionalismo es exquisita.

El rugby en la región dio un paso gigante. Más aún la Argentina porque sin dudas es la gran beneficiada. Tal vez hoy no se vean los resultados pero en un tiempo corto no sorprenderá ver un jugador de Selknam u Olimpia Lions se ponga la camiseta de Los Pumas.

Silbatazo final. Los jugadores se abrazan. Ceibos felices por la gran producción. Olimpia Lions también estaban felices. ¿El motivo? Todos cumplieron su sueño de convertirse en profesional. Luego, cada jugador fue hacía los suyos a sacarse una selfie para la prosperidad. Algunos invadimos la cancha, pues nos olvidamos que no era un partido del regional. El tercer tiempo fue distinto. Entre sushi y sanguches todos celebraban e intercambiaban comentarios con sus familiares. Si con sus familias. Eso es la Superliga Americana; esa combinación que necesitábamos para confirmar que el crecimiento está garantizado por qué las bases se conservaron y lo seguirá haciendo por muchos años más.

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